Me llamo Alicia Foppoli, y quiero contar, como a los 63 años decidí iniciar un tratamiento para adelgazar.

Fui acumulando los kilos a partir de mis dos embarazos, y después de haber tenido a mis hijos, en lugar de bajar, fui agregando otros tantos, que nunca procuré deshacerme de ellos. Trabajaba, y la excusa fue la falta de tiempo y en realidad lo fundamental era la falta de voluntad, de esa manera reflejaba a todos el estar bien y contenta.

Con el correr del tiempo, y las circunstancias de la vida, fui perdiendo afectos y esas ausencias, las canalizaba en la comida, los kilos iban subiendo como por un ascensor, transformándose en obesidad.

Jamás reconocí mi estado, manifestando que estaba bien, ¡y claro…! si no sabia, como estar de otra forma que “gordita”, de esa manera me conocieron siempre mis hijos.

El pasar de los años, hizo que cambie de discurso diciendo que por los cambios biológicos que se producen en el organismo, no era tiempo de bajar de peso. Actualmente debido a mi conciencia de la obesidad que tenía digo que era una mentira total y por tal situación, estaba generando una futura discapacidad.

Por intermedio de un familiar, fue que me contacté con la Licenciada en Nutrición, Alicia Crocco, en la primera consulta, quien me explicó que la obesidad es una enfermedad, que se controla con un plan nutricional, personalizado, todo en base a alimentos naturales, sin pastillas, me explicó también, todas las complicaciones que ocasiona la obesidad al no ser tratada, como ser, colesterol, diabetes, hipertensión, etc., me manifestó que ella me ayudaría, pero que tenía que estar decidida a modificar mis malos hábitos alimentarios y mi estilo de vida para mi bien.

Sus palabras me hicieron razonar y entender. Me di cuenta, que estaba frente a una profesional, que realmente quería ayudarme y decidí no dejar pasar mas tiempo.

Pesaba en ese momento 97 Kilos. Soy de estatura baja, un descontrol total…

Me dio el plan nutricional, con una cantidad y variedad de alimentos, que bajo ningún punto de vista, podía pasar hambre, pero claro, no estaban allí, los que a mi me gustaban, entonces me explicó que debía modificar mis costumbres alimentarias, comer despacio, controlar las porciones.

Aprendí a no tener ansiedad, a saber esperar el tiempo que el organismo necesita para degradar sus componentes y al no comer de más hace que no se depositen las grasas sino que las elimine con el correr del tratamiento.

Entendí que los kilos que me acompañaban durante tantos años, no los podía bajar rápidamente, que no hay ninguna receta mágica, la magia esta en los circos, no en el consultorio de un buen nutricionista,

Deduje que todo se logra con voluntad y perseverancia.

No fue ni es fácil la tarea. Aprendí a decir ” NO” ante alimentos que me perjudican la buena evolución del tratamiento. Eso no quiere decir que siempre lo pueda controlar.

Cuando salgo con mis amigas o voy a reuniones, trato de elegir lo que debo comer y siempre tengo presente, las palabras que me dijo mi nutricionista, “recordá que vos eres mas importante, que cualquier porción de alimento que veas y te tiente”, con mis aciertos y desaciertos, ya llevo bajados 34 kilos, en dos años ininterrumpidos, con este plan nutricional, estoy muy bien, me siento mas integrada a la sociedad, estoy contenta.

Puedo sentir que no es sacrificio efectuar un plan adecuado a mí que se va modificando de acuerdo a los cambios que yo presente en cada una de las situaciones que vaya transitando durante el tratamiento.

Estoy logrando el objetivo que me propuse, desde el primer día que fui al consultorio.

No quiero volver al pasado. Sólo me lo recuerdan las fotos y la ropa que usaba antes y veo otra Alicia que me agrada más que la anterior.

Anteriormente cuando iba a comprarme ropa, decía, ” no hay un talle mas” y ahora digo ” no hay un talle menos” eso me hace levantar mi autoestima y valorar lo que con esfuerzo estoy logrando. Me preparo ricas comidas, saco las recetas de los libros de Alicia, donde explica en una forma muy clara, el valor nutritivo de cada alimento, las porciones, la importancia de hacer ejercicio, o cualquier otra actividad física, libros muy interesantes.

Para finalizar, quiero agradecer a Alicia, su permanente ayuda, el saber escucharme, darme su opinión, el brindarme su amistad (tan valiosa para mi), su calidad humana, su don de gente, su espiritualidad, todo eso y mucho mas, hace que sea un ser humano EXCEPCIONAL. A la Licenciada en Nutrición Alicia Crocco, le agradezco su ayuda profesional, lo que hace para que yo, esté logrando una mejor calidad de vida, todo lo hace con dedicación y paciencia, se nota que ama su profesión. Estoy orgullosa que sea mi nutricionista y una profesional EXCELENTE, mi eterno agradecimiento, y como siempre te digo- “nunca te voy a defraudar” QUE DIOS TE BENDIGA.

María Susana

No todos respondemos al llamado de Dios. En la medida que puedas ir conociendo las maravillas que Dios hace en las vidas de quienes creen en Él, podrás transitar la vida con confianza hacia un sitio agradable, y frente a todos los objetivos que te propongas, si te ayudas y te dejas ayudar, y oras con fe, Él te responderá con bendiciones.

El tratamiento para adelgazar no es sencillo. Muchas veces son comenzados con entusiasmo y como el objetivo propuesto no se cumple en el tiempo que se cree, ya se pierde el horizonte y se buscan otras alternativas.

También se puede caer en el propio abandono y retroceder hacia la etapa del descontrol alimentario, de la falta de voluntad para cambiar y adquirir hábitos saludables. Otras veces, en cambio, se va en busca de tratamientos mágicos, que brindan resultados momentáneos.

Lo que un creyente busca, en la medida que ore al Padre y acepte sus tiempos y su voluntad, es pedir lo que desea y, a través del esfuerzo, de la perseverancia para ir venciendo etapas no favorables que podrían apartarlo de la meta, confiar en las promesas y no tener en la mente pensamientos desestimulantes.

Tienes que adelgazar y tu mente no está preparada para eso. Es necesario que abras las puertas de tu corazón para que puedas recibir, si es lo que deseas, las bendiciones que Dios tiene para ti.

Testimonio de una sanación

De cómo conocí a Dios

Cuando mi vida se me había ido de las manos, cuando ya no tenía gobierno, sino compulsión, cuando ya no me quedaban ni esperanzas, ni sueños…, anidé en el dolor. El dolor de no haber sido querida, el dolor de ser rechazada, el dolor de los abandonos y las pérdidas, el dolor de la violencia y los golpes continuos, el dolor de…

El dolor se me hizo hogar, angustia y final…

Siempre supe que existía Dios, pero sólo me hundí en su misterio cuando ya no tenía de dónde asirme, cuando ya mi vida no me pertenecía y cualquiera hacía conmigo lo que quería…, tan sólo porque lo único que yo buscaba era ser aceptada.

En el más terrible vacío, le pedí a Dios que me salvara…, que estaba dispuesta a hacer cuanto me pidiese. Y… si lo hacía, si me aliviaba, si me permitía ser feliz… aceptaría sus mandatos.

En ese instante, percibí que algo entraba en mí y que recorría mi cuerpo desde arriba hasta abajo; mi mente se abrió (se fue el embotamiento) y mi corazón comenzó a sentir una felicidad incontenible, infinita, inefable, irracional que no me abandonó y siento en la actualidad.

Así me comenzó a sanar Dios, un cambio de vida de 180 grados en el que no intervino la deliberación intelectual, sólo sucedió así: dejé de trasnochar, dejé de fumar, de jugar barajas, de comer mis uñas…, en definitiva…, dejé de arruinar mi vida.

Pero no me podía liberar de mi adicción a la comida, a pesar de mi deseo de vivir, pues el Señor aún tenía que acomodar algunas cosas para que la sanación definitiva sucediera.

Con tan sólo 1.47 m de altura, en el año 2005 estaba pesando 145 kilos. Tomaba en ese entonces pastillas para la presión, para el corazón, para la ansiedad, para los ataques de pánico, para la digestión, para la retención de líquidos, para dormir y para despertar, etc., incluida la vacuna contra la gripe.

El médico que me comenzó a tratar me quitó toda medicación y me dio una dieta que nunca cumplí. Cada dos meses me daba “Sepia” de diferente gradación. Bajé a lo largo de ese año veinte kilos sin el más mínimo cuidado en la alimentación ni ejercicio alguno.

En enero de 2006, hice la novena a la Virgen de la Candelaria, pidiendo que la madre de Dios intercediera por mi salud. Terminó en su fecha, el 2 de febrero de 2006, y como el 11 del mismo mes era el día de la Virgen de Lourdes, continué con una nueva novena, pero con el mismo pedido (que la madre de Dios intercediera por mi sanación).

Ese mes de febrero apareció en casa un hombre (evangelista) que me dijo que me quería ayudar a bajar de peso. Comenzamos a caminar dos veces por semana y una vez por semana me hacía masajes.

Ese mismo mes, reanudé mi terapia, pero esta vez con más empeño en sanarme, máxime porque, por herencia, en mi familia tenemos una estructura de pensamientos obsesivos y yo quería que mi psicóloga me ayudase a eliminar los pensamientos nocivos cuando se me instalasen.

De cómo conocí a Alicia Crocco

Por esos días, me viene a ver una señora de la iglesia (parroquia Santa Clara de Asís de Ciudadela) y me dice que conoce a una nutricionista que está por hacer un libro y que está buscando “hiperobesos”. Ese mismo día (lunes), me comuniqué con Alicia Crocco y concertamos una entrevista para el miércoles 15 de febrero de 2006.

A partir de ese momento, comencé a sentir una profunda angustia. Me costó dormir y me sobrevino una sensación de profundo desasosiego, mezcla de miedo, impotencia, incertidumbre y muchísima angustia. Y lloré…, lloré muchísimo… Toda la noche del martes, la incertidumbre me impedía pensar y reavivaba en mi memoria fracasos y dolor…

Por ese entonces, como expresé, NO hacía dieta. Y… no sabía si quería hacerla… Tantas veces había fracasado en mis intentos de sanación que temía hacer ese nuevo intento y sólo lograr acercarme más y más a mi muerte, a mi fin.

No obstante, el miércoles fui a ver a la licenciada Crocco, quien me recibió con alegría, me pidió mis análisis clínicos y otros antecedentes médicos, y me pesó. Para ese entonces ya estaba en los 125 kilos.

Durante toda la entrevista, traté de explicarle mi historia y la interminable cadena de fracasos y sufrimientos. Ella me alentaba con pensamientos positivos y me explicó, en una lista impresa, cómo debía combinar los alimentos. Al retirarme con dicha lista en la mano, tuve la sensación de no haber sido oída.

Mi negación a la dieta y a todo lo concerniente a la alimentación era tan fuerte que ya no hacía compras, tampoco cocinaba (comía en lo de mi madre, pedía por teléfono o salía). El punto era no ocuparme de la comida, algo que tuve que trabajar con mi psicóloga, asumirlo y revertirlo, con la ayuda de Dios, desde lo más profundo de mi alma.

De cómo Dios me está sanando

Las primeras semanas de dieta fueron espantosas. Mi mente se había obsesionado con el tema. No encontraba el queso magro que se me pedía, empecé a comer papa y batata, que hacía dos o tres años que no injería, e incorporé gran cantidad de vegetales, alimentos que no acostumbraba.

Mi mente estaba como embotada y ofuscada. En las entrevistas siguientes con Alicia, además de sentir que no me oía, empecé a sentir que estaba terriblemente sola: yo y mi adicción, mi adicción y yo. Me puse tan mal psicológicamente que sentí que Alicia no me escuchaba, no me entendía ni compartía mi vida, sólo me recibía con alegría, me pesaba, repetía pensamientos positivos y me alentaba. Nada de lo que yo precisaba.

Lo que necesitaba era que alguien se metiese en mis dificultades para hacer la dieta, que se hundiese conmigo tan profundo como mis caídas y me rescatase, que me ayudase a buscar las soluciones y me propusiera salidas alternativas, pero… no fue posible…

Ni Alicia, ni nadie me sostenía. El idioma del sufrimiento es a-conceptual y sólo lo puede hablar quien padece. Nadie puede comprender el idioma del dolor…, sólo Dios…

Era el Señor quien se presentaba en mi angustia, en mi soledad… Sólo Dios me animaba y a veces…, cuando pensaba en dejar todo, sólo Dios me fortalecía.

A poco de comenzar a hacer esta dieta, observé que bajaba más rápido de peso. Esto me ayudó mucho a “hacer un hábito” de esta nueva forma de alimentarme.

Recuerdo que a poco de comprometerme a hacer dieta comenzaron a invitarme a los cumpleaños. Todo era grasa y masa, nada dietético. Algunas fiestas las eludí, a otras tuve que ir pero comía antes, y en otras me tenté y me salí de la alimentación que me correspondía. Eso sí, el mismo día volvía a retomar el tratamiento.

Paralelamente, sin otra alternativa, empecé a abandonarme en Dios y, al hacerlo, mi mente se comenzó a descomprimir y la dieta fue dejando de ser traumática. Fui menguando la obsesión y llevando mi camino con más naturalidad. No obstante, algunas veces tuve dificultades.

Estoy en 112 kilos. Me estoy sanando. Continúo con el plan de Alicia Crocco, las caminatas y la terapia, pero, por sobre todas las cosas, siento que el poder de Dios me impulsa hacia mi sanación total y definitiva.

Gracias…, ¡Creador mío!

Suma perfección, Supremo bien.

Gracias por amarme infinitamente, por crearme y

recrearme a cada instante.

Gracias… por no hacer oídos sordos a mi dolor,

por infundir en mí tu Santo Espíritu

para que pudiera realizar lo que para mí era

“un imposible”.

Gracias por ser camino providente en el momento

de mi más terrible encrucijada y ya casi… sin salidas.

Gracias por donarme la vida de tu Santo Hijo, el buen Jesús,

porque con Él, que venció el mundo y la muerte,

puedo ir venciendo día a día

todas las fuerzas que me empujan a la muerte.

Gracias por acercarte a mí,

al punto de hacerte carne y pan por mí.

Gracias… por darme una madre cercana, como María,

que se ocupa de mí como vos querías.

Gracias también por mis hermanos…, tus siervos,

porque según su ciencia, dones y disponibilidad,

colaboran con vos en el plan de mi sanación total.

Sepa el mundo que desde siempre

todo lo bueno, bello y saludable en mí fue y es

“DON venido de ti,

maravilloso Dios nuestro”.

Gracias, licenciada Alicia Crocco, por tener un alma dócil a las inspiraciones del Señor y así ser un instrumento eficaz en el plan de restauración de quienes más sufrimos. Gracias y que Dios todopoderoso te bendiga grandemente.