Soy de Villa Ballester (provincia de Buenos Aires), donde viví toda mi infancia y donde tuve la dicha de practicar toda clase de deportes. Pasada esa época, debido a mi ocupación, comencé a disminuir mi actividad deportiva. Aclaro que siempre fui una persona activa y con una buena condición física.

Con el paso del tiempo, y sintiéndome mal debido al aumento de peso, comencé a sufrir consecuencias físicas y anímicas. En el trabajo mi capacidad disminuyó a tal punto que mi estado de ánimo y mi autoestima empezaron a declinar.

Varios amigos me comentaron que en la zona atendía una licenciada en nutrición, Alicia N. Crocco, y me impulsaron a visitarla para que pudiera reducir mi peso y normalizar los valores de mi masa corporal. Llegué a pesar 104 kilos. En ese decadente estado personal me acerqué a la licenciada, quien me recibió cálidamente, me dio la sensación de ser una excelente profesional y me inspiró confianza.

Gracias al tratamiento logré nuevamente sentirme bien, y es importante destacar que ella no utiliza pastillas ni complementos nutricionales; se puede dar crédito a su prescripción porque es exclusivamente natural, a través de una dieta variada y equilibrada.

Pude aprender cómo debo alimentarme correctamente, deleitándome con comidas sabrosas de pocas calorías y gran volumen, más los complementos que me agraden, como bebidas alcohólicas (con moderación) y algunos platos no establecidos en el menú básico, pero sin excederme en la cantidad y cuidándome en las comidas siguientes. Asimilé también que se puede comer con placer moderándose y cuidándose. Simplemente uno debe ser estricto en el momento de decidirse a efectuar un plan de alimentación para adelgazar, y es posible comprobar el beneficio al sentirse en total plenitud a la hora de realizar cualquier tipo de esfuerzo.

No tengo más que palabras de agradecimiento para la licenciada Alicia Crocco, quien me confirmó, con los resultados alcanzados, que es una excelente profesional y un excelente ser humano… Gracias.

Comentario: Quiero contarte que recuerdo la primera llamada de su esposa, que me expresó su preocupación por el estado de Carlos. Me dio muchas recomendaciones, entre ellas que le tuviera paciencia. Amo mi profesión y quiero a mis pacientes, así que no me cuesta tenerles paciencia.

A medida que el tiempo fue pasando, sentí que Carlos se iba familiarizando cada vez más con la dieta, y yo disfrutaba con él de sus logros con el transcurso de las semanas.

Desde hace tres meses está en la etapa mantenimiento y no se resiste a controlarse cuando se lo indico. Concurre al consultorio una vez cada tres semanas y, como no hay cambios que lo perjudiquen, seguiremos así.

Todos pueden llegar a la meta y mantenerla. Tu también lo lograrás.