Bajó 40 kilos después de muchísimos vaivenes.

Mi vida cambió notablemente cuando asumí que no era feliz con mi exceso de peso y mi conformismo. Antes les decía a los demás: “Soy gordita y feliz”, pero me engañaba; sólo lo decía, en realidad no lo sentía. Nunca me ha gustado esforzarme por realizar ninguna dieta; no tenía constancia, me deprimía a menudo. Soy hipotiroidea. Los médicos me decían que, además de tomar medicación para normalizar mis glándulas, debía seguir una dieta; pero, por todos los aspectos negativos que poseía, hacerla no me daba ningún resultado.

Comencé muchas veces con Alicia. Varias personas que obtuvieron resultados maravillosos en cuanto a alcanzar un peso adecuado me hablaron de su calidad de ser humano comprensivo, dedicado a sus pacientes. Pero eso no me bastaba. Dudé mucho hasta que, en un momento de crisis, decidí concurrir a una primera consulta.

No seguía la dieta en su totalidad como ella me indicaba, pero me hacía bien ir a sus encuentros semanales y prestaba atención a sus consejos. Tenía muchos bajones; pensaba que no podía. En esos momentos la llamaba y le informaba que no iba a continuar el tratamiento.

Y cada vez que dejaba el tratamiento, Alicia, con su dulzura y su gran profesionalismo, me decía que la decisión era mía, que si en esos momentos no podía valorar todo lo que había conseguido, eso implicaba ir hacia atrás y continuar deprimida y encerrada en un círculo vicioso; que uno fracasa si no pone esfuerzo, dedicación y tolerancia hacia sí mismo. Sin embargo, todas sus palabras no alcanzaban para hacerme continuar; así comencé una y mil veces, y el resultado seguía siendo el mismo: el abandono del tratamiento y de mi persona. Estos ciclos se repitieron durante muchos años. Dejaba de ir por un año o tal vez más, hasta la última etapa, en que retorné e hice exactamente lo mismo que otras veces. Entonces ella me dijo con mucha firmeza: “Esta vez te digo adiós… No pienses que cuando vuelvas a llamarme estaré esperándote con los brazos abiertos. Si dejas el tratamiento, cuando decidas retomar nuevamente búscate otro nutricionista. Nada podré hacer por ti, porque no me permites hacerlo”.

Esas palabras se instalaron en mí y, como sabía que no quería perder su apoyo y que en definitiva deseaba de todo corazón llegar a ser delgada, fui a la cita, la abracé y le dije: “Gracias”. De allí en adelante puse mucha pila y me esforcé para cambiar mi mente y mi dedicación. Comencé a hacer terapia psicológica por recomendación de ella y, a pesar de que experimentaba retrocesos muy intensos, no dejaba de ir a las consultas, ni con la psicóloga ni con Alicia.

La vida es más hermosa para mí. Logré bajar 40 kilos y en la actualidad me cuido y dejo que me cuiden. Gracias, licenciada Alicia N. Crocco, por brindarte no sólo como profesional brillante sino como una persona cálida y de mucha fe.

Ella me enseñó a comer, a sentirme feliz y a vencer mis propios obstáculos, a quitarme de la cabeza eso que todos dicen: que por ser hipotiroidea me iba a costar bajar de peso. Lo que me sucedió fue por falta de constancia, de movimiento, de compromiso hacia todo lo que me proponía realizar.

A ti, que lees mi testimonio, te digo: “Nunca pienses que no puedes”. Todos podemos si nos dejamos ayudar.
Comentario. Me causó mucha gracia la descripción de Graciela. Lo cierto es que, si compruebo que la persona se cierra, mi ayuda no puede servirle.

El caso de Graciela es muy común, hoy y siempre. Es necesario que sigamos una luz delante de nosotros y nos dejemos llevar por ella. El brillo al que me refiero es el de la esperanza. Si cultivas ese don divino, nada será imposible de realizar.