Lucila Gomez.

Recuerdo que todo comenzó el jueves 1º de febrero de 2001. Conocí a Alicia en el consultorio de Villa Ballester (provincia de Buenos Aires). Me sentía totalmente desalentada, pensando que jamás sería delgada, ya que un tiempo atrás había recurrido a una nutricionista a la que consulté sólo una vez debido a que era una persona sumamente fría; de esa experiencia saqué en conclusión que les daba la misma hoja de recomendaciones a todos los que acudían a su consultorio, y que por lo tanto no era un plan alimentario adaptado a mí. Aunque no me sentí motivada por su actitud, comencé la dieta con gran entusiasmo, pero duró poco más de dos semanas. Por todo eso yo creía que una nutricionista no era el camino correcto para solucionar mi problema.

Hago dietas desde los doce años; siempre preocupé mucho por lo estético, y más aun en la etapa por la que estoy pasando.

A mi primera consulta con Alicia llegué triste, con pocas expectativas, pero enseguida noté su calidez y sus deseos de ayudarme. Aquel 1º de febrero pesaba 79,5 kilos y creía que era imposible llegar a los 65, como deseaba en ese momento. Sin embargo, ahora, después de mucho trabajo interno y grandes cambios en mis hábitos alimentarios y mi estilo de vida, estoy pesando 59 kilos y me parece estar soñando. Todavía me faltan 4 kilos bajar. Antes no podía ponerme un short o una pollera; en pleno verano andaba con jogging y buzo; no me gustaba ir a bailar y sólo tenía un jean que me entraba. Además, cuando iba a comprarme ropa, nada me quedaba bien, lo cual me producía mucha depresión. Algo para resaltar: me ponía muy mal cuando los chicos, en la calle, me rechazaban y me gritaban “gorda” o cosas relacionadas con mi cuerpo; aún sigo sin comprender esas actitudes tan hirientes para una persona que padece sobrepeso. Trato de entender que sólo es una cuestión de inmadurez por parte de esos “nenes”.
Muchas de las veces que iba al consultorio de Alicia y me sentía recontenta por el resultado que había logrado en una semana, al salir a la calle me volvía el desaliento, causado por algún grupo de esos chicos; me gustaría volver a verlos, para encararlos y decirles lo que siente una persona excedida de peso. Ahora me siento fuerte para enfrentarlos.

Mi tratamiento tuvo varias etapas. Había meses enteros en los que no podía bajar; quizás en una semana bajaba medio kilo, pero a la siguiente lo recuperaba. Estuve así desde marzo hasta julio de 2001. Después comencé, muy lentamente, a perder algunos kilos más, hasta febrero de 2002, cuando tuve que abandonar el plan por motivos personales. Lo reanudé en agosto de ese mismo año con Alicia, con 4 kilos de más. Me di cuenta de que no podía hacerlo sola, de que necesitaba su contención y su afecto. Siento que sin su apoyo no lo habría logrado jamás. También resalto la importancia de mi madre, que me hizo conocer a Alicia y me ayudó cuando yo creía que ya no había soluciones para desprenderme de mis kilos de más.
En cada intento sentía que no lograba mi meta, que jamás podría decir “soy feliz”, pero me equivoqué. Todo esto me ayudó a recuperar un poco mi autoestima, a valorarme y darme cuenta de que nada es imposible; sólo hay que proponérselo y poner fuerza.
Gracias, Alicia. Te quiero muchísimo.

Comentario:
Este testimonio es la demostración de que muchos seres humanos son hirientes porque no pasaron por situaciones semejantes a la de la persona que hostigan. Lucila pudo vencer barreras muy arraigadas y espero que continúe luchando para mantenerse en su peso saludable. Si sigue ayudándose, cuidando el resultado, concurriendo a las consultas que deba efectuar, sin duda jamás volverá hacia atrás.
Aunque ella dice que le quedan 4 kilos por bajar, quiero aclarar que, de acuerdo con mi análisis de su estado general, realizado a través de índices antropológicos, está ya en su peso saludable. Aun así, la tarea continúa: comienza la etapa de valorar cada vez más el resultado y mirar el pasado como una historia no repetible, que le sirvió para luchar y vencer obstáculos, para triunfar.