Bajó 25 kilos. Se encuentra en etapa de mantenimiento.
Siempre fui delgada. A los 22 años, cuando me casé, apenas pesaba 47 kilos. Todos me miraban y me preguntaban cómo hacía para estar tan flaca y mantenerme en buena forma, ya que comía habitualmente lo que deseaba y jamás tenía problemas de exceso de peso.
A los 23 años quedé embarazada. En esos nueve meses aumenté 25 kilos. Después de tener a mi primera hija, Romina, a los tres meses estaba de nuevo en el peso que era habitual para mí (49 kilos).
Al año siguiente nació mi segundo hijo, Nicolás, con quien aumenté 17 kilos, pero al cabo de cuatro meses del parto volví a mi peso normal de 49 kilos, y sin recurrir a ninguna dieta ni nada similar.
A los cinco meses pesaba 47 kilos, y poco a poco iba bajando de peso cada vez más, siempre sin hacer ninguna dieta (insisto en esto). Mi estado era bueno pero aun así todos me preguntaban si me pasaba algo, debido a que me encontraban cada vez más delgada que de costumbre.
Hasta que llegó un momento de mi vida en que me cansé de que me preguntaran siempre lo mismo y me dejé llevar por una ocurrencia, que -lo digo de corazón- no le recomiendo a nadie. Mi siguiente paso fue ir a uno de esos médicos que dan pastillas para engordar, y en apenas tres meses llegué a pesar 53 kilos. Decidí dejarlo, ya que veía que estaba aumentando de manera exagerada. Luego comenzó mi desesperación, porque ya no podía comer, como antes, todo lo que quería.
Estaba muy arrepentida; me reprochaba y me decía: “Qué locura hiciste”. Mi autoestima bajó mucho; empecé a sentirme mal, a verme mal. Recurrí a muchas dietas, ninguna de las cuales me dio buen resultado, ya que las iniciaba y a la semana las dejaba. Así iba deprimiéndome cada vez más y mi estado de angustia aumentaba, sin saber qué hacer.
Hasta que un día me pesé, después de mucho tiempo de no hacerlo. La balanza marcaba 73 kilos; tenía 26 kilos de más. Reaccioné y decidí consultar a una nutricionista, porque mi peso ya era excesivo y además me sentía muy mal.
Así fue como llegué a las manos de Alicia, en el consultorio de Moreno, provincia de Buenos Aires. Ella me cambió la vida, no sólo física sino también espiritualmente. Me recibió con los brazos abiertos, me atendió más que bien y me hizo sentir, en aquellos momentos en que me parecía que todo estaba perdido, que si me lo proponía nada iba a ser imposible.
Me di cuenta de que mi vida empezaba a cambiar cuando, a la semana siguiente, vimos lo que había logrado y que ya tenía fuerzas para seguir adelante con mi dieta. Este tratamiento fue todo lo contrario de los anteriores; sentía la necesidad y un deseo muy grande de ir al encuentro de Alicia. Cuando veía los resultados obtenidos, ansiaba cada vez más ir a las consultas en busca de una mejor calidad de vida, y me sentía cada vez más feliz.
Cuando manifiesto que Alicia me cambió la vida no sólo física sino también espiritualmente, quiero decir que empecé a ver las cosas de una manera diferente, con mucha fuerza interior y deseos de cuidar y mantener lo que conseguía. Adelgacé en cinco meses esos 26 kilos de más.
Nada es imposible cuando te lo propones. Por lo tanto: inténtalo tú ahora mismo, en éste preciso momento que estás leyendo este testimonio.
Doy gracias a la vida por brindarme esta oportunidad y a Alicia por apoyarme y ayudarme en todo.

Comentario: Olga llegó al consultorio por recomendación de otros pacientes que alcanzaron resultados exitosos. Vino a su primera consulta con una sonrisa, y desde mi interior sentí que íbamos a formar un buen equipo, porque noté que deseaba profundamente volver al peso saludable de su pasado. Ella -como bien comenta en su testimonio- nunca fue gorda.
Es decir que el número de adipositos seguía siendo el mismo; lo que pasaba era que habían aumentado de tamaño, y cuando bajó de peso volvieron a la normalidad. No es el caso de los obesos, que tienen un número elevado de adipositos y cuando adelgazan lo que hacen es disminuir su tamaño.
Olga se mantiene en su peso saludable desde hace cinco meses y volvió al consultorio con el mismo peso de la consulta anterior, lo que me demuestra que aprendió a comer y a mantenerse y que se cuidará durante el resto de su vida.

Ella bajó de peso muy rápido, pero no te quedes con eso. Piensa que no todos somos iguales, que no tenemos la misma genética ni las mismas características físicas y psíquicas. De los testimonios toma siempre lo que te ayude a llegar a la meta. Si te quedaras con el resultado rápido, podrías frustrarte. Eres diferente; respeta tu química interna, tu tiempo, y pon voluntad para continuar el camino paso a paso hasta el resultado que convenga a tu mente y a tu cuerpo.