Al restringir ciertos alimentos con una mayor cantidad de gasa mala (galletitas, carnes grasas, fiambres, embutidos, etc.)  y aumentar el consumo de líquidos se logra salir de las mesetas y reanudar el descenso de peso. De ahí en más, ¿qué debes tener presente para no tentarte?

Un punto indispensable es que puedas dominar situaciones. Para ello, insisto en que tu mente debe estar siempre alerta. Recuerda que si te tientas y pierdes el control, te desanimarás. Si esto sucede, sigue adelante. No olvides que el proceso de adelgazamiento no es una carrera, sino un camino largo, con tramos en los que te resultará fácil avanzar y otros en los que tendrás que enfrentar muchos obstáculos. Por lo tanto, sigue. Llegarás a la meta si no dudas de ello.

En los momentos en que no estés tentado, cierra los ojos y pregúntate: “¿Por qué me tiento? ¿Acaso no quiero lograr mi objetivo? ¿Cómo es posible que un alimento me domine?”. Considérate un ser fuerte, capaz de vencer la tentación y de lograr buenos resultados.

Si tu pensamiento está cargado con la palabra “comida”, en algún momento perderás el control. Cuando tu espíritu se encuentre abierto a los cambios, trabaja en la búsqueda de otros placeres que contribuyan a que no estés pendiente de la ingesta.

El movimiento es de vital importancia. Si lo combinas con algo gratificante te sentirás feliz al realizarlo. Por ejemplo, si te gusta la música, el solo hecho de escucharla te ayudará a despejar la mente, pero si la escuchas con walkman mientras das una caminata te servirá, además, para estar activo y no sedentario.

Ten en la heladera o en la alacena colaciones rápidas para los momentos de tentación, cuidando que sean las adecuadas para no perjudicar la evolución del tratamiento. Por ejemplo: postres dietéticos en compoteras pequeñas, frutas frescas con cáscara, pickles, pochoclo sin azúcar, frutas secas (un puñado pequeño).

Para evitar tentaciones en el mercado,

  • anota lo que vas a consumir durante 1 semana;
  • compra después de haber almorzado;
  • haz un cálculo aproximado de lo que vas a gastar y no lleves dinero de más;
  • no compres alimentos que puedan llegar a tentarte.

Si debes comprar para tus familiares alimentos que no están en tu menú semanal, guárdalos en cajas herméticas cerradas con cinta adhesiva y ubícalos en estantes altos. En lo posible, procura que quienes los van a consumir se encarguen de administrarlos sin tu intervención.

Si esas precauciones no bastan, coloca en las cajas carteles que resalten que esos alimentos obstaculizan la buena evolución de tu tratamiento: “¡No me comas, sigue luchando! ¡Esfuérzate por bajar de peso! ¡Continúa venciendo la tentación!”.

No permanezcas todo el día en la cocina. Dedícate a cocinar en los momentos de menos apetito. Mientras lo hagas, recurre a entrecomidas que quiten la compulsión: alimentos duros como zanahoria cruda (entera, no rallada), manzana ácida, pickles.

Valora lo que has logrado. No te detengas obsesivamente en los errores cometidos… Enfréntate con ellos y busca soluciones. Avanza con tenacidad y alegría.